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¿Qué es el periodo de carencia de un préstamo?

Los bancos y entidades bancarias ofrecen a sus usuarios la posibilidad de acogerse a un periodo de carencia cuando sufren problemas de liquidez económica. En este artículo, os contamos en qué consiste este procedimiento y cuáles son sus riesgos y ventajas.

¿Qué es el periodo de carencia de un préstamo?

7/3/2022

¿Has oído hablar alguna vez del periodo de carencia de un préstamo? Cuando solicitamos un crédito a largo plazo, podemos vernos afectados por una serie de imprevistos que afecten a nuestra situación financiera y que dificulten que podamos asumir las cuotas mensuales que teníamos contratadas con facilidad. 

En estas situaciones, los bancos y entidades bancarias ofrecen a sus usuarios la posibilidad de acogerse temporalmente a un periodo de carencia para aliviar la presión financiera a la que están expuestos. Pero ¿en qué consiste?

¿Qué es el periodo de carencia de un préstamo?

El periodo de carencia de un préstamo es un lapso de tiempo de uno o varios meses en el que los usuarios quedan exonerados de alguna de sus obligaciones contractuales. 

Tal y como señalan desde la página web del Banco de España, durante el periodo de carencia de un crédito los titulares de un préstamo pueden beneficiarse de una cuota más reducida o, incluso, de una cuota nula. El objetivo es que disfruten de unos meses “de descanso” en el que puedan poner en orden sus finanzas y equilibrar su economía para no caer en una situación de impago. 

El periodo de carencia de un crédito debe fijarse de mutuo acuerdo entre el cliente y la entidad bancaria, y puede establecerse en cualquier momento de la vida del préstamo. Generalmente, lo solicitan clientes que tienen problemas de liquidez y han contratado créditos de altas sumas de dinero, como las hipotecas

¿Qué tipos de carencia existen?

A la hora de solicitar la carencia de su crédito, los usuarios tienen dos opciones: pedir una carencia parcial o una carencia total

  • Carencia parcial: es aquella en la que los usuarios solo pagan los intereses del préstamo, sin amortizar el capital. 

  • Carencia total: es aquella en la que los usuarios dejan de pagar completamente su cuota mensual, es decir, no abonan ni el capital ni los intereses

En ambos casos, las características y condiciones del periodo de carencia se suelen acordar cuando se contrata el crédito. Por norma general, todos los préstamos cuentan con un periodo de carencia al que pueden acogerse sus usuarios, aunque no todos lo ofrecen de manera directa. 

Para poder acogerse a este trámite, los usuarios deben contar con la aprobación de su banco. Para ello, tienen que notificar sus intenciones a su banco, que realizará un estudio de su caso y valorará si acepta o no su solicitud

En caso de que un crédito no ofrezca un periodo de carencia, los titulares del préstamo tendrán que presentar su solicitud por escrito para que el banco pueda analizar su situación.

Además, antes de presentar nuestra solicitud, es importante que valoremos cuánto durarán, aproximadamente, nuestros problemas financieros para poder negociar el plazo que queremos que dure nuestro periodo de carencia. 

¿Qué ventajas ofrece la carencia de préstamos?

El periodo de carencia suele solicitarse cuando se tienen problemas de liquidez que están comprometiendo nuestra salud financiera y generando un problema de sobreendeudamiento. 

Al acogerse a esta solución, los usuarios pueden beneficiarse de un tiempo de “descanso” en el que reducirán o eliminarán sus obligaciones contractuales con los bancos. Es decir: durante un lapso de tiempo, los titulares no tendrán que asumir la cuantía total de su cuota mensual, que, dependiendo del tipo de carencia que hayan solicitado, podrá reducirse o eliminarse por completo. 

Gracias a esto, los titulares de los créditos pueden desahogarse económicamente e intentar poner en orden sus finanzas para mejorar su solvencia, pero este procedimiento puede ser muy contraproducente. 

¿Cuáles son las desventajas de solicitar un periodo de carencia?

Aunque a primera vista pueda parecer que el periodo de carencia es altamente beneficioso para los usuarios, la realidad es que este trámite entrañe una serie de riesgos que pueden comprometer nuestras finanzas. 

Solicitar un periodo de carencia no implica que el préstamo se cancele. Al contrario, cuando nos acogemos a este trámite lo único que hacemos es paralizar o reducir el pago de las cuotas, por lo que cuando se concluya este “periodo de gracia” deberemos asumirlas de nuevo.

En este sentido, debemos tener en cuenta las diferencias que hay entre una carencia total y una carencia parcial. Cuando solicitamos una carencia total, suspendemos el pago total de la cuota, es decir, no abonamos ni el capital ni los intereses. Como resultado, la cuota no se amortiza y los intereses aumentan, lo que implica que, a la larga, la deuda que debemos asumir será mucho más elevada.

Cuando solicitamos una carencia parcial, sin embargo, sí asumimos los intereses, aunque no el capital. Como consecuencia, el dinero prestado no disminuye durante estos meses de carencia, lo que también provoca un incremento en la cuota mensual que deberemos asumir cuando acabe este “periodo de gracia”, aunque en este caso la subida será mucho más reducida que en el caso de la carencia total.

En estos casos, además, cabe la posibilidad de que nos apliquen también unos intereses por demora, ya que el plazo de amortización de nuestro crédito puede verse incrementado. 

Por ello, antes de acogernos al periodo de carencia es importante que revisemos en profundidad nuestra situación financiera y que calculemos cuánto durarán nuestros problemas económicos.

Además, es recomendable que intentemos buscar otras soluciones y que comparemos los riesgos de ambas para elegir aquella que mejor se adapte a nuestra situación y reducir el peligro de caer en un problema de sobreendeudamiento. 

PREGUNTAS FRECUENTES Y RESPUESTAS

Respuestas a las preguntas más habituales sobre qué es el periodo de carencia de un préstamo

El periodo de carencia de un préstamo es un lapso de tiempo de uno o varios meses en el que los usuarios con problemas de liquidez quedan exonerados de alguna de sus obligaciones contractuales. Durante este periodo, los usuarios pueden beneficiarse de una cuota más reducida o, incluso, de una cuota nula.

Hay dos tipos de carencia:

  • Carencia parcial: es aquella en la que los usuarios solo pagan los intereses del préstamo, sin amortizar el capital. 

  • Carencia total: es aquella en la que los usuarios dejan de pagar completamente su cuota mensual, es decir, no abonan ni el capital ni los intereses.

Por norma general, los usuarios se acogen al periodo de carencia cuando tienen problemas de liquidez y han contratado un préstamo por un gran importe, como puede ser una hipoteca.

Para poder acogerse al periodo de carencia, los usuarios deben contar con la aprobación de su banco. Para ello, tienen que notificar sus intenciones a su banco, que realizará un estudio de su caso y valorará si acepta o no su solicitud. 

La mayoría de los préstamos cuentan con un periodo de carencia, aunque no todos lo ofrecen de manera directa.

Durante el periodo de carencia, los usuarios pueden beneficiarse de un tiempo de “descanso” en el que reducirán o eliminarán sus obligaciones contractuales con los bancos. Es decir: de un periodo de tiempo en el que no tendrán que asumir la cuantía total de su cuota mensual.

Gracias a esto, pueden desahogarse económicamente e intentar poner en orden sus finanzas para mejorar su solvencia.

Solicitar un periodo de carencia no implica que el préstamo se cancele, sino que, simplemente, no se abonará la cuantía de las cuotas mensuales contratadas. Como consecuencia, la cuantía de estas cuotas aumentará, ya sea no en ningún momento se amortizará el dinero prestado. Además, dependiendo del tipo de carencia que usemos, también cabe la posibilidad de que aumenten los intereses que tendremos que asumir.