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¿Qué significa ser avalista? Todo lo que necesitas saber sobre los avales

¿Quieres avalar a tu hijo para que pueda alquilar un piso? ¿Un amigo te ha pedido que seas su avalista para contratar un préstamo? Si estás pensando en actuar como aval de otra persona, te contamos todo lo que necesitas saber antes de firmar el contrato.

¿Qué significa ser avalista? Lo que debes saber

14/1/2022

¿Qué significa ser avalista? A la hora de conseguir financiación bancaria, es habitual que las instituciones financieras nos exijan que aportemos garantías de que devolveremos el dinero prestado antes de concedernos el préstamo, sobre todo si somos jóvenes, no disponemos de unos ingresos estables o un contrato de trabajo fijo y con cierta antigüedad o tenemos deudas pendientes

Un avalista es, básicamente, una persona física o jurídica que actúa como garantía de pago en caso de que el prestatario no pueda cumplir con sus obligaciones. Dicho de otro modo, se trata de un particular o empresa que se compromete a pagar las deudas del titular del préstamo en caso de que este no pueda hacerlo. 

¿Pero qué riesgos corremos cuando decidimos avalar a alguien? ¿Cuáles son nuestras obligaciones y cómo nos afecta económicamente? En este artículo, vamos a dar respuesta  a todas estas preguntas para que sepas a qué atenerte en caso de que actúes como aval de un amigo o familiar.

¿Qué es un avalista?

Según la definición del Banco de España, un aval es un contrato por el que una persona física o jurídica garantiza el cumplimiento de una obligación, asumiendo el pago de la deuda de la persona a la que avala si esta no lo realiza. 

Ejercer como avalista implica, por tanto, que en caso de impago deberemos responder con todos nuestros bienes presentes y futuros para saldar la deuda pendiente de nuestro avalado, incluidos los intereses de demora que se hayan podido generar por no pagar la cuota mensual a tiempo.

Para que se den estas situaciones, no obstante, debe demostrarse la capacidad de impago del avalado, tanto con su sueldo e ingresos como por su patrimonio. Además, si hemos establecido previamente ciertas limitaciones a nuestra responsabilidad, no sería necesario, en principio, comprometer la totalidad de nuestro patrimonio.

¿Qué tipos de avales hay?

Los avalistas pueden clasificarse en dos grandes grupos: los avales personales y los avales bancarios. 

Los avales personales son aquellos en los que una persona física o jurídica se compromete a asumir el pago de la deuda de otra persona en caso de que esta no pueda asumirla. Los avales bancarios, en cambio, son aquellos en los que una entidad financiera se compromete a devolver la deuda en caso de que el titular del crédito no pueda pagarla.  

Además de esta clasificación, el Banco de España establece tres criterios más para diferenciar los tipos de aval: la duración, las facultades del beneficiario del aval frente al avalista y la naturaleza de obligación principal garantizada. 

Avales según su duración

    Avales por plazo determinado: en estos casos, el avalista solo actuará como tal durante un periodo de tiempo estipulado, que se indicará en el texto del aval. El plazo de duración de este tipo de avales puede configurarse como un plazo de caducidad, en el que los efectos del aval concluyeron cuando transcurra el plazo fijado, o como un plazo de garantía, en cuyo caso el Banco de España establece lo siguiente: “nacidas las obligaciones garantizadas durante la fecha de vigencia del aval, la reclamación correspondiente a su cumplimiento pueda llevarse a cabo una vez finalizado este, durante el plazo general de prescripción de las acciones para exigir el cumplimiento de obligaciones de carácter personal”. 

    Avales por plazo indeterminado o de duración indefinida: en estos casos, el contrato del aval cesará cuando concluya la obligación garantizada. Es decir: cuando se devuelva el dinero prestado. 

Avales según las facultades del beneficiario del aval frente al avalista

    Avalistas simples: en estos casos, el beneficiario del aval debe reclamar primero al avalado. En caso de que este no cumpla con la obligación, podrá dirigirse al avalista.

    Avalistas solidarios: son los que suelen exigir las entidades bancarias. En este caso, los beneficiarios pueden reclamar indistintamente tanto al avalado como al avalista.

    Avalistas independientes: en estos casos, el avalista no puede exigirle al beneficiario que reclame primero al avalado. En el supuesto de que el beneficiario le exija a él el cumplimiento de la obligación, tendrá que demostrar que el avalado ya ha cumplido.

Avales por la naturaleza de la obligación garantizada

    Avalistas técnicos: son más habituales en contratos de obras y contratos entre un proveedor y una Administración Pública. En estos casos, el avalista responde de que el avalado cumpla con determinados compromisos que van más allá de la entrega de una cantidad de dinero al beneficiario. Es decir: se compromete a la realización de determinados trabajos o servicios que se hayan establecido en el contrato.

    Avalistas económicos: son los más comunes. En estos casos, el avalista se compromete a entregar la cantidad de dinero solicitada al beneficiario en caso de que el avalado no pueda devolverla. 

Requisitos para ser avalista

Por norma general, los avalistas suelen exigirse cuando vamos a contratar un préstamo con una entidad financiera. Sin embargo, este tipo de garantías también se piden cuando la Administración Pública contrata a un particular. Además, a la hora de alquilar un piso, es habitual que los particulares soliciten avales antes de conceder el contrato de arrendamiento. 

Para poder actuar como avalista de otra persona, no basta con tener la buena voluntad de ayudar, sino que es necesario cumplir con una serie de requisitos. Algunos de los más comunes son: 

    Ser mayor de edad: tanto para pedir un préstamo como para actuar de avalista, debemos tener más de 18 años. 

    Tener solvencia: el avalista debe demostrar que es una persona con solvencia económica suficiente como para asumir los posibles pagos. Es decir: debe tener unos ingresos superiores a las obligaciones que el solicitante del crédito quiere asumir. Además, es recomendable que tenga un historial crediticio igual o mejor que el del solicitante del préstamo y que no tenga deudas pendientes. 

    Tener unos ingresos estables: además de ser solvente, la persona que actúe como avalista debe tener unos ingresos mínimos estables

    Disponer de propiedades libres de cargas: en caso de que el avalado no pueda cumplir con sus obligaciones, las propiedades que tenga el avalista podrían utilizarse para cubrir la deuda. Por eso, es recomendable que los bienes de los que disponga el avalista estén libres de cargas. 

Riesgos de ser avalista: ¿a qué te comprometes?

Decidir avalar a otra persona conlleva una serie de riesgos que, si no conocemos, pueden llegar a darnos un buen susto. El principal y más importante es que tendremos que responder por la deuda que nuestro avalado pueda generar. El avalista tendrá las mismas obligaciones de pago y consecuencias legales derivadas de un posible caso de impago que el avalado, lo que supone que tendrá que responder con todos sus bienes para abonar no solo la cuota mensual, sino también los intereses por demora que se hayan podido generar. 

De incumplir con esta responsabilidad, el avalista pasaría a formar parte del listado de morosos (la lista de la ASNEF o el RAI). Además, podría llegar a ser embargado, tanto de bienes como de suelo, aunque esta situación tan extrema suele ser infrecuente.

Otro aspecto que debemos tener en cuenta es que si aceptamos ser avalista de otra persona nos incluirán en la Central de Información de Riesgos del Banco de España (CIRBE), una base de datos en la que se registran, en su práctica totalidad, todos los préstamos, créditos, avales, y riesgos que las entidades financieras tienen con sus clientes. 

A pesar de que figurar en este archivo no tiene las mismas implicaciones que pertenecer a un listado de morosos, aparecer en el CIRBE puede reducir nuestras opciones a la hora de solicitar financiación, ya que penderá sobre nosotros la obligación de cumplir con nuestros deberes como avalista, si se diesen. 

Finalmente, antes de firmar como avalista, debemos tener en cuenta que la condición de aval es hereditaria. Si el avalista fallece, sus obligaciones de pago se extenderán a todos sus herederos, que tendrán que responder con ellas con sus bienes presentes y futuros.

Ejercer como aval, por tanto, no solo nos afectará a nosotros, sino que puede repercutir también en nuestros herederos. Para evitar ejercer como aval, los herederos del avalista deberán rechazar la totalidad de su herencia o recurrir a la herencia a beneficio de inventario, una alternativa en la que los bienes del heredero no se mezclan con los que le hayan legado y en la que las deudas se saldan con el propio patrimonio de la herencia. 

¿Qué hacer antes de firmar como avalista?

Antes de firmar como avalista es imprescindible que conozcamos la solvencia económica de nuestro avalado, es decir, sus ingresos, gastos y patrimonio, para saber si puede hacer frente a sus obligaciones de pago. Además, es recomendable que le pidamos a nuestro avalado una muestra de compromiso, pidiéndole, por ejemplo, que aporte fondos propios como señal de pago. 

Para ser avalista, tenemos que ser conscientes también de nuestra propia capacidad económica: de nada sirve actuar como avalista si luego, en caso de impago, no seremos capaz de asumir la deuda. Por eso, solo debemos comprometernos si tenemos la capacidad económica suficiente como para responder por nuestro avalado sin que esto repercuta negativamente sobre nuestras finanzas.

Asimismo, antes de firmar cualquier tipo de contrato, debemos leer las condiciones, analizar las ventajas y desventajas y comparar todas las ofertas. 

PREGUNTAS FRECUENTES Y RESPUESTAS

Respuestas a las preguntas más habituales

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Sí. Algunas de las instituciones financieras con las que trabajamos aceptan solicitudes de préstamo aunque estés en el fichero ASNEF.

El tipo de interés nominal (TIN) son los intereses que recibe la entidad financiera por prestarte el dinero. Si solicitas un préstamo personal, estos serán los intereses que se te cobren al mes.

El TAE o tasa anual equivalente indica el coste real de la operación en un año. Es una referencia que indica el coste real de los préstamos, incluyendo intereses y costes de apertura. En resumidas cuentas, es el importe real que vas a pagar por la cantidad de dinero que te ha prestado la entidad.

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Normalmente la entidad de crédito ingresa el importe en un plazo de uno o dos días hábiles después de que hayas firmado el contrato y de que la entidad lo haya aprobado.

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Sí, la amortización anticipada de un préstamo, es decir, la devolución del mismo antes del plazo acordado es algo habitual. Las condiciones para realizar esta operación pueden variar entre las diferentes instituciones financieras, por lo que deberás consultar si en tu caso concreto conlleva algún tipo de coste adicional.