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Los bonos: ¿qué son, cómo funcionan y en qué se diferencian de las obligaciones y letras del Tesoro?

Los bonos son títulos de deuda que emiten los estados o empresas privadas para conseguir fondos y que pueden resultar una opción de inversión interesante. En este artículo, te contamos cómo funcionan, qué tipos hay y en qué se diferencian de otros instrumentos de deuda.

Los bonos: ¿qué son, cómo funcionan y en qué se diferencian de las obligaciones y letras del Tesoro?

8/9/2022

Seguro que has oído hablar de los bonos como instrumentos financieros, pero ¿sabes realmente qué son y cómo funcionan?

Los bonos son productos de renta fija que emiten los estados o empresas privadas para conseguir fondos y que pueden resultar una opción de inversión interesante, siempre y cuando conozcamos sus riesgos y características. En este artículo, te decimos qué son exactamente estos productos y cómo puedes invertir en ellos. 

¿Qué son los bonos? 

Los bonos son títulos de deuda que emiten las empresas e instituciones públicas para conseguir fondos. Estos instrumentos son de renta fija, lo que significa que su rentabilidad se conoce de antemano. No obstante, no están exentos de riesgos. 

Al recurrir a este método de financiación, las empresas y organismos públicos dividen el total de su deuda de manera equitativa en distintos títulos, que posteriormente sacarán al mercado para que los inversores puedan adquirirlos. 

A cambio de su inversión, las instituciones se comprometen a devolverles el dinero prestado en un plazo fijado previamente y a pagarles una serie de intereses, que podrán abonar de manera periódica o en la fecha de vencimiento del bono. 

¿Cuáles son los riesgos de los bonos?

Los bonos pueden comercializarse en dos mercados: el primario y el secundario. 

El mercado primario o mercado de emisión es aquel en el que las empresas e instituciones que necesitan validez emiten nuevos títulos al público. O, dicho de otra manera, es aquel en el que se comercializan por primera vez los activos recién creados, normalmente a través de subastas. 

El mercado secundario o mercado de negociación, por su parte, es aquel en el que se negocia el valor de los títulos ya existentes. Es decir: se trata de un mercado de compraventa en el que se comercializan títulos que ya han sido emitidos en el mercado primario con el objetivo de conseguir liquidez.

  • Mercado primario: es aquel en el que se emiten los títulos por primera vez, normalmente a través de una subasta.

  • Mercado secundario: es aquel en el que se compran y venden títulos que ya han sido emitidos en el mercado primario. 

Por norma general, en el mercado primario suelen participar los bancos e inversores institucionales, mientras que en el secundario participan los particulares a través de los brokers e intermediarios financieros. No obstante, antes de invertir en estos productos es importante conocer sus riesgos. 

A pesar de que los bonos son activos de renta fija que, por naturaleza, ofrecen una mayor seguridad que los de renta variable, la rentabilidad de este tipo de productos no está completamente garantizada, sino que puede verse comprometida por distintos factores. 

Estos riesgos suelen aparecer cuando los inversores deciden poner a la venta sus bonos en el mercado secundario, pero también pueden surgir por problemas de liquidez. Algunos de los más destacados son los siguientes:

  • Riesgo de crédito: cuando se adquiere un bono, puede darse el caso de que los emisores de estos productos no dispongan de la liquidez necesaria como para devolver el dinero que el inversor les ha prestado.

  • Riesgo de liquidez: cuando un inversor compra un bono y decide ponerlo a la venta, corre el riesgo de no encontrar una contraparte interesada en comprarlo

  • Riesgo de mercado: si los tipos de interés aumentan, tal y como ha ocurrido este año tanto en Estados Unidos como en Europea, puede darse el caso de que los bonos que hayamos comprado pierdan valor. En estas situaciones, los nuevos títulos que se lancen al mercado ofrecerán unos intereses más altos, lo que los hará más atractivos para los inversores. Para poder igualar esta rentabilidad y recuperar el interés de posibles compradores, los títulos antiguos tendrían que bajar su precio, lo que reduciría los beneficios que podríamos obtener por ellos. 

  • Riesgo de inflación: al igual que pueden subir los tipos de interés, también puede subir la inflación. En estos casos, la rentabilidad de los bonos se vería comprometida, ya que el dinero que recibirían los inversores, pese al ser el mismo que en el momento de la compra, tendría menos valor

  • Riesgo de tipo de cambio: si el bono que se ha comprado está constituido en una divisa distinta a la del país de residencia del inversor, cabe la posibilidad de que el título pierda parte de su rentabilidad al hacer el cambio de divisa.  

Los inversores que quieran adquirir bonos de renta fija deben estar al tanto de la situación del mercado para reducir los riesgos. Además, es recomendable que, a la hora de invertir, diversifiquen sus compras y adquieran algún producto de renta variable que les permita aumentar su rentabilidad. 

Tipos de bonos

Dentro del mercado de los bonos, podemos encontrar una amplia cantidad de títulos de diversa naturaleza. Los más destacados son los bonos públicos y los bonos corporativos. O lo que es lo mismo: los bonos que emiten los Gobiernos e instituciones públicas y los bonos que emiten las empresas privadas

  • Bonos públicos: son los que emiten los organismos públicos, como los estados o las autonomías, para conseguir fondos. Generalmente, ofrecen más seguridad que los que emiten las empresas, pero su rentabilidad es más reducida.

  • Bonos corporativos: son los que emiten las empresas y compañías privadas para financiar sus proyectos. Su rentabilidad, que deriva de la solidez y crecimiento de la compañía emisora, suele ser mayor que la de los bonos públicos, pero su seguridad es menor. 

Además de estos títulos, otros bonos menos conocidos en los que también podemos invertir son los siguientes:

  • Bonos cupón cero: son aquellos en los que los intereses no se pagan de manera periódica, sino que se abonan en su totalidad en el momento de su amortización. 

  • Bonos canjeables: son aquellos que pueden intercambiarse por acciones ya existentes de un organismo o compañía, en lugar de por capital.

  • Bonos convertibles: son aquellos que pueden intercambiarse por acciones de nueva emisión y a un precio prefijado.

  • Bonos indexados: son aquellos que tienen su rendimiento referenciado a la evolución de un índice, como puede ser el euríbor.

  • Bonos basura: son aquellos que tienen un alto riesgo y una baja calificación, que normalmente compensan con unos intereses más altos.

  • Bonos verdes: son aquellos que buscan financiar o refinanciar proyectos ecológicos.

  • Bonos sociales: son aquellos que se utilizan para financiar proyectos con los que se quiere combatir un problema social.

  • Bonos ligados a la inflación: son aquellos cuyos rendimientos varían en función de la inflación.

Los bonos del Estado: ¿qué son?

Uno de los bonos más conocidos en nuestro país son los bonos del Estado, unos títulos de carácter público que emite el Estado a través del Tesoro Público para financiar el déficit público. 

Estos activos ofrecen una rentabilidad fija, y se caracterizan por pagar los intereses de manera periódica y por tener una fecha de vencimiento que oscila entre los dos y los cinco años, aunque actualmente el Tesoro los emite con un plazo de tres a cinco años. 

Los bonos del estado, por norma general, se emiten mediante una subasta competitiva, pero puede haber casos en los que se expidan por sindicación. 

Estas emisiones se llevan a cabo a través de sucesivos tramos, con los que se pretende alcanzar un elevado volumen de circulación que asegure que los valores sean muy líquidos. A la hora de subastarlos, se establece un precio mínimo de 1.000 euros, que podrá ampliarse siempre y cuando el importe exigido sea múltiplo de esta cifra. 

¿En qué se diferencian los bonos del Estado de las obligaciones y letras del Tesoro?

Aunque muchas veces nos referimos como bonos cuando hablamos de la deuda pública que emite el Estado, la realidad es que el Tesoro expide dos tipos de productos más: las letras del Tesoro y las obligaciones del Estado, dos instrumentos financieros que también se utilizan para conseguir financiación pero que guardan varias diferencias con los bonos

Las letras del Tesoro son activos de renta fija que el Tesoro emite a corto plazo y que tienen un vencimiento de tres, seis, nueve o doce meses. Estos activos se caracterizan por emitirse por descuento y a través de subasta, lo que implica que su precio de adquisición puede ser inferior o superior al importe que el inversor recibirá en el momento del reembolso. 

A diferencia de los bonos, en las letras del Tesoro no se pagan intereses de manera periódica, sino que se abonan en su fecha de vencimiento.

Estos productos se emiten por un importe mínimo de 1.000 euros, aunque también pueden emitirse por importe superiores siempre y cuando sean múltiplos de esta cifra. Su rentabilidad se calcula restando el valor de reembolso por su precio de adquisición y sus variaciones de precio en el mercado secundario suelen ser muy reducidas. 

Las obligaciones del Estado, por su parte, son productos prácticamente idénticos a los bonos del Estado. Al igual que ellos, son títulos que ofrecen una rentabilidad fija y que pagan los intereses de manera periódica.

Además, también se emiten mediante subasta competitiva, o sindicación, en diversos tramos para alcanzar un elevado volumen de circulación. No obstante, y aquí es donde radica la gran diferencia, su plazo de vencimiento es mucho mayor, ya que oscila entre los diez, quince, treinta y cincuenta años. 

  • Bonos del Estado: son activos de renta fija a medio plazo que pagan los intereses de manera periódica y que se emiten mediante subasta competitiva al mercado. Su plazo de vencimiento oscila entre los dos y los cinco años, aunque actualmente el Tesoro solo los emite con un plazo de tres a cinco años.

  • Letras del Tesoro: son activos de renta fija a corto plazo que se emiten por descuento y a través de subasta. Estos productos no abonan los intereses de manera periódica, sino que los pagan en su fecha de vencimiento.  Su plazo de emisión puede ser de tres, seis, nueve y doce meses

  • Obligaciones del Estado: son activos de renta fija a largo plazo que pagan los intereses de manera periódica y que se emiten mediante subasta competitiva al mercado. Su plazo de vencimiento puede ser de diez, quince, treinta o cincuenta años.

¿Cómo comprar bonos del Estado?

La compra de bonos del Estado o de otros títulos de deuda pública española puede efectuarse por tres canales distintos: en las oficinas del Banco de España, a través de la página web del Tesoro o en las entidades financieras, sociedades o agencias de valores. 

  • Banco de España: los interesados en adquirir deuda pública podrán hacerlo en cualquier oficina de este organismo.

  • Página web del Tesoro: para comprar deuda pública por esta vía, los interesados deberán acceder al “servicio de compraventa de valores”, donde deberán identificarse con sus credenciales del servicio Cl@ve.

  • En entidades financieras, sociedades o agencias de valores: es la opción que ofrece mayor tranquilidad y fiabilidad, ya que los usuarios cuentan con el respaldo de especialistas.

PREGUNTAS FRECUENTES Y RESPUESTAS

Respuestas a las preguntas más habituales sobre qué son los bonos

Los bonos son títulos de deuda que se emiten para conseguir fondos. Estos instrumentos son de renta fija, lo que significa que su rentabilidad se conoce de antemano, aunque esto no implica que estén exentos de riesgos.

Los bonos pueden ser emitidos por los estados y organismos públicos y por las empresas privadas.

Los bonos pueden comercializarse en dos mercados: el primario y el secundario. 

El mercado primario o mercado de emisión es aquel en el que las empresas e instituciones que necesitan validez emiten nuevos títulos al público. El mercado secundario o mercado de negociación, por su parte, es aquel en el que se negocia el valor de los títulos ya existentes.

En el mercado podemos encontrar una amplia variedad de bonos. No obstante, los más populares son los bonos públicos y los bonos corporativos. O lo que es lo mismo: los bonos que emiten los Gobiernos e instituciones públicas y los bonos que emiten las empresas privadas.

A pesar de ofrecer mayor seguridad que los activos de renta variable, los bonos también presentan una serie de riesgos. Los más destacados son:

  • Riesgo de crédito: cuando se adquiere un bono, puede darse el caso de que los emisores de estos productos no dispongan de la liquidez necesaria como para devolver el dinero que el inversor les ha prestado.

  • Riesgo de liquidez: cuando un inversor compra un bono y decide ponerlo a la venta, corre el riesgo de no encontrar una contraparte interesada en comprarlo. 

  • Riesgo de mercado: si los tipos de interés aumentan, tal y como ha ocurrido este año tanto en Estados Unidos como en Europea, puede darse el caso de que los bonos que hayamos comprado pierdan valor.

  • Riesgo de inflación: al igual que pueden subir los tipos de interés, también puede subir la inflación. En estos casos, la rentabilidad de los bonos se vería comprometida, ya que el dinero que recibirían los inversores, pese al ser el mismo que en el momento de la compra, tendría menos valor. 

  • Riesgo de tipo de cambio: si el bono que se ha comprado está constituido en una divisa distinta a la del país de residencia del inversor, cabe la posibilidad de que el título pierda parte de su rentabilidad al hacer el cambio de divisa. 

Los bonos del Estado son títulos de deuda que emite el Estado a través del Tesoro Público para financiar el déficit público.

Estos activos suelen emitirse mediante subasta competitiva, y se caracterizan por pagar los intereses de manera periódica y por tener una fecha de vencimiento que oscila entre los dos y los cinco años, aunque actualmente el Tesoro los emite con un plazo de tres a cinco años.

Los bonos del Estado, las obligaciones y las letras del Tesoro son instrumentos de deuda pública que se diferencian, principalmente, en su plazo de vencimiento.

Los bonos del Estado tienen un plazo de vencimiento que oscila entre los dos y los cinco años. En cambio, las letras del Tesoro tienen un plazo más corto, de tres, seis, nueve y doce meses, y las obligaciones uno mucho más amplio, de diez, quince, treinta y cincuenta años. Además, las letras del Tesoro no pagan los intereses de manera periódica, sino en la fecha de vencimiento del título.

La compra de bonos del Estado o de otros títulos de deuda pública española puede efectuarse por tres canales distintos: en las oficinas del Banco de España, a través de la página web del Tesoro o en las entidades financieras, sociedades o agencias de valores.